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Semblanza y pensamientos. IV Promoción de Medicina. Bilbao 1 de junio.


Dice Antonio Gamoneda que “En el olvido están los recuerdos”. Y advierte que su “…aprendizaje de vejez no es otra cosa que la forma que adoptan ahora en mí, el pasado y sus sombras”

De las sombras del pasado asoma la imagen de nuestros padres.
Despierto, he soñado estos días que paseaba por la alameda de mi pueblo de la mano de mi padre.
También, que las manos de mi madre me acariciaban al calor de la lumbre y que su aroma me inundaba de nuevo.
Sin el amor y la ternura de nuestros padres y sin su esfuerzo, pocos de nosotros estaríamos hoy aquí, celebrando nuestro reencuentro.

Los hechos del pasado no vienen limpios a nuestra mente.
A veces semejan sueños que se van transformando a medida que los años pasan.
Un olor, una melodía, un paisaje, una fotografía, a modo de señales, reproducen algunos momentos de nuestra vida en aquellos tiempos.

Recuerdo con añoranza los viajes en tren y el autobús que nos transportaba a la universidad.
Con un aura de nostalgia vislumbro a aquellos chicos y chicas que deseaban ser médicos.
Con qué impaciencia esperaban a que se abrieran las puertas del anfiteatro. Allí, escuchaban la voz del profesor Sarrat que era un compendio de claridad y de conocimiento.
Luego, en una atmósfera impregnada de formol, un estremecimiento les recorría la espalda al descubrir aquel músculo o aquel nervio que unos meses antes habían movido los brazos o las piernas de una persona que ya solo era un cadáver.
A veces, les invadía un sudor frío delante del folio en blanco al conocer las preguntas de un examen -sobre todo, si la sombra del profesor Gandarias turbaba el aula-
Más tarde, con ansiedad o con una risa nerviosa, se acercaban al tablón a comprobar los resultados obtenidos. En sus caras se dibujaba la alegría del aprobado o el desaliento de un mal resultado.
Recuerdo el calor de las asambleas y las consignas contra la dictadura-
También a la policía uniformada de gris tratando de domeñar su rebeldía juvenil.
No puedo olvidar a los jóvenes reclutas haciendo guardia en el cuartel Garellano, ni los toques de corneta que nos acompañaban de camino al hospital de Basurto.

Pienso ahora en vosotras; resuenan en mis oídos el eco de vuestras voces y vuestras risas; rememoro aquellos ademanes que hacían que la grisura de aquel tiempo desapareciera.
Pienso en las miradas furtivas y en cómo estábamos enamorados del amor.

Cuando finalizamos la carrera éramos unos jóvenes que emprendíamos una peripecia ilusionante.
En este viaje ha habido tiempo para todo, un tiempo de trabajo, un tiempo de alegría, un tiempo en el que hemos conocido la amistad y en el que hemos amado con pasión.
También un tiempo en el que hemos experimentado el dolor de la pérdida, del desamor o de la enfermedad.

Ya han pasado 40 años y es hora de preguntarse si hemos sido dignos de las esperanzas que se depositaron en nosotros.
Si la bondad y la belleza han guiado nuestra vida y si hemos sido honestos con la verdad.
Los que nos sucedan juzgarán si el mundo es más habitable gracias a nosotros.

Compañeras y compañeros
A pesar de los posibles pesares que hayamos padecido, creo que podemos sentirnos afortunados de haber vivido y que por ello debemos estar agradecidos.
Y, es porque hemos vivido, no quiero terminar sin un recuerdo emocionado para quienes no están presentes, pero están en nosotros y con nosotros.
Viva la IV promoción de medicina de la Universidad de Bilbao. 

(palabras pronunciadas el día 1 de junio en la reunión de la IV promoción de medicina de la Universidad de Bilbao)      

Eduardo Clavé Arruabarrena            

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