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Soliloquios otoñales (Adolescere)

    SOLILOQUIOS OTOÑALES Suenan lejanos los trinos de unos pájaros, son como notas sueltas que en el aire se desvanecen. Los árboles están desnudos y las veredas se cubren de hojas muertas y frutos marchitos. Hace un viento húmedo, huele a moho, a podredumbre. Acabó el tiempo de recolección, queda el rastrojo. Aunque es tiempo de hacer balance, de revisar las pérdidas, de pensar en el invierno, sucumbo a la desgana y me entretengo con la banalidad de lo cotidiano, tomando un té a deshoras, remendando un bolsillo rasgado del pantalón, contemplando el hervor del agua donde se cuece una patata, trampeando el desasosiego. Más tarde, cuando la luz se oculta, vuelve el acoso del tiempo, inexorable, puntual, inflexible. Miro al espejo y me devuelve una imagen familiar, deformada: el cabello ralo y canoso, el rostro arrugado, las mejillas flácidas, el rictus depresivo de la boca, algunas cicatrices. Escudriño a través de la oscuridad de mis pupilas por el sendero que conduce a mi i...

Soliloquios otoñales

  SOLILOQUIOS OTOÑALES Suenan lejanos los trinos de unos pájaros, son como notas sueltas que en el aire se desvanecen. Los árboles están desnudos y las veredas se cubren de hojas secas y frutos marchitos. Huele a moho, a humedad, a podredumbre. Acabó el tiempo de recolección. Ahora, es tiempo de hacer balance, de revisar las pérdidas, de pensar en el invierno. Sin embargo, lejos de emprender ese camino, huyo de cualquier valoración, me entretengo con la banalidad de lo cotidiano, tomando un té a deshoras, remendando un bolsillo rasgado del pantalón, contemplando el hervor del agua donde se cuece una patata, trampeando el desasosiego. Más tarde, cuando la luz se oculta, vuelve el acoso del tiempo, inexorable, puntual, inflexible. El espejo me devuelve una imagen familiar, pero deformada, transformada: el cabello ralo y canoso, el rostro arrugado, las mejillas flácidas, el rictus depresivo de la boca, algunas cicatrices. Cavilo en la noche, insomne. Miro a través de la oscuridad...

EL BESO

  EL BESO Lucas no pudo conciliar el sueño durante la noche, tenía el alma rota. Se levantó apenas empezó a clarear, se puso un chándal y salió de casa. Después de dar varias vueltas sin rumbo fijo por el centro de la ciudad, tomó una de las calles que conducían al puerto. Al llegar, dejó atrás la dársena y avanzó por el sendero que, bordeando la costa, conducía a una de las lomas que se adentraban en el mar. Por el camino reparó en el reclamo de las gaviotas, se imaginó a un coro de plañideras entonando gritos lastimeros. Consideró que aquel grupo de aves habría reconocido su sufrimiento reflejado en su rostro, se figuró que se compadecían de él. Pero luego desechó esa idea. En realidad, aquellas gaviotas se mofaban, revelaban su verdadero carácter, temeroso, pusilánime. Al llegar a la zona más elevada, contempló el acantilado. Ofuscado, se acercó al pretil y miró hacia las rocas. El embate de las olas del mar siempre le había inquietado, el estruendo era ensordecedor, se preg...

Kilian y el arco iris.Monólogo del aitona (y 3)

  Los meteorólogos habían anunciado un tiempo adverso y decidí refugiarme en el interior de la casa con mi nieto. La tarde fue desagradable, la noche tormentosa. Me sentí tranquilo entre los muros del edificio, nos daban cobijo. La lluvia, copiosa, había refrescado y humedecido los campos. Kilian, durmió toda la noche de un tirón. Cuando abrió los ojos, en la radio se escuchaba el sonido triste de una guitarra acompañada de orquesta. Estaba tranquilo. Al verme, dispuso sus brazos como si tocara el violín. La música tiene el don de amansarle, de serenarle. Así ha sido desde que era un bebé. La tormenta amainó al clarear el día. Finalmente, escampó. En el cielo se dibujó un arco iris tiñendo la jornada de alegría y esperanza. Ilusionado, le tomé entre mis brazos y abrí la ventana. Era la primera vez que mi nieto contemplaba este fenómeno atmosférico. Se asustó y se aferró a mi cuello desviando su mirada de la luz multicolor. Mientras los colores se desvanecían, yo le explicaba ...