TRAVESÍA Me sentí extraño al caminar y empecé a tener náuseas; a duras penas alcancé un banco. Una chica gesticulaba hablando por el móvil. Algo más lejos, un hombre y una mujer paseaban juntos, aunque parecían distantes entre sí. Se acercó un joven con su perro y preguntó si me encontraba bien. No le hice caso, pero él insistió. Asentí. Quería que me dejara tranquilo. El joven silbó a su perro y se alejó. A mis pies había hojas secas que el viento desplazaba. Asomaba la raíz de un árbol por la grieta de una baldosa rota. Cerca, un grupo de hormigas se afanaba alrededor de un envase de plástico. De pronto, un gorrión se posó en el respaldo. Me observó con descaro; por un instante pensé que reparaba en el sudor de mi rostro. Luego se desplazó por el suelo y comenzó a picotear. Lo seguí con la mirada hasta que emprendió el vuelo. Antes era distinto: estaba ella. Entonces el suelo comenzó a girar; quizá había llegado el momento de la travesía… ...